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Asuntos Latinoamericanos: Político, Ecológico y artículos varios.

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HAY QUE RECORDAR LA HERENCIA PERVERSA DEL CASTRISMO

HAY QUE RECORDAR LA HERENCIA PERVERSA DEL CASTRISMO
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La dictadura instaurada por Fidel Castro en Cuba se presentó inicialmente como una promesa de justicia, dignidad y liberación. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa promesa se transformó en un régimen de partido único, persecución política, censura, encarcelamiento de disidentes y concentración absoluta del poder. En nombre del pueblo, se anuló al pueblo; en nombre de la libertad, se impuso el miedo.

El castrismo fue perverso porque convirtió la obediencia en una virtud y la crítica en un delito. Fue dañino porque destruyó las instituciones democráticas, subordinó la justicia al poder político y obligó a millones de cubanos a vivir sin libertad de expresión, sin pluralismo y sin posibilidad real de elegir a sus gobernantes. También fue criminal por la represión ejercida contra opositores, las ejecuciones y los largos encarcelamientos motivados por razones políticas. Ningún proyecto ideológico puede justificar la muerte, la tortura, la persecución o el exilio forzado de seres humanos.

Fue, además, traicionero. Fidel Castro prometió restaurar la democracia y terminó instaurando una dictadura personalista. Prometió dignidad y dejó una sociedad sometida al control estatal. Prometió igualdad, pero creó una élite política con privilegios mientras condenaba a la mayoría a la escasez y al silencio. La revolución que decía liberar terminó confiscando bienes, sueños, voces y futuros.

El daño del castrismo no quedó limitado a Cuba. Su influencia llegó a Venezuela mediante alianzas políticas y acuerdos que favorecieron la penetración de un modelo autoritario en las instituciones nacionales. Bajo la inspiración y el respaldo del régimen cubano, Venezuela fue avanzando hacia la destrucción del Estado de derecho, la persecución de la disidencia, la manipulación electoral, la censura y la dependencia de una estructura de poder que pretende perpetuarse a cualquier precio.

La tragedia venezolana no puede atribuirse únicamente a Fidel y Raúl Castro, pero tampoco puede ignorarse la responsabilidad histórica de su régimen en la expansión de métodos autoritarios y de una cultura política basada en el caudillismo, la propaganda y la eliminación del adversario. Cuando un gobierno convierte al opositor en enemigo, al periodista en criminal y a la protesta en conspiración, deja de gobernar para comenzar a dominar.

Recordar estos hechos, es una advertencia al Chavismo, Madurismo y ahora al “Delcysmo” que pretenden vender a Fidel Castro y su revolución en un acto digno de su elogio. Conmemorar a los Castro, es lo mismo que tener en cuenta a Hitler y el nazismo como un acto sublime de la naturaleza (demencial) de la humanidad.    

La historia nos hace evidentes que debe llamarse a las cosas por su nombre: una tiranía no se vuelve justa por proclamarse revolucionaria, ni una dictadura se convierte en democracia por repetir consignas populares. La verdadera liberación de ambos pueblos llegará cuando nadie sea perseguido por pensar distinto, cuando el poder pueda ser alternado pacíficamente y cuando la dignidad humana esté por encima de cualquier ideología.

Dr. José Ernesto Pons B/@JosePonsB/ “No existen Exilios Dorados” La justicia llega a todas partes.

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