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El documental de Carlos Oteyza sobre el gobierno de Marcos Pérez Jiménez retrata la necesidad de participación política del venezolano, pero también su capacidad de adaptación y sus silencios
El hombre fuerte vestido de uniforme, así como la renta petrolera, parecen iguales en blanco y negro o en colores de alta definición.
También echar mano a símbolos patrios y hacer fanfarrias para ofrecer casas bien equipadas a los más necesitados. En contraste con los de otras épocas, sin embargo, Marcos Pérez Jiménez (1914-2001) era un líder poco comunicativo y distante, que no se legitimó en elecciones supervisadas. Sus tiempos no fueron los del ímpetu de participación política de los ciudadanos, sino los del silencio.
Carlos Oteyza descarta segundas intenciones en la fecha de estreno en los cines de Tiempos de dictadura (viernes 7 de septiembre), un mes antes de la elección del Presidente de la República. El cineasta proyectó su documental sobre el período comprendido entre 1948 y 1958 para que estuviera listo el pasado 23 de enero, pero no alcanzó el tiempo de producción.
"Creo que es una película que respeta las diferencias políticas de los venezolanos. Y que nos puede ayudar a ser más ciudadanos. Quiero que el espectador conozca, confronte, muestre acuerdo o desacuerdo. Que diga: `Esto yo no lo sabía’. Un país que quiere resolver sus problemas debe compartir su pasado", reflexiona el realizador y documentalista venezolano de la perenne cola de caballo, también autor de los largometrajes de ficción El escándalo (1987), Roraima (1992) y La voz del corazón (1997).
Los paralelismos que sugiere el documental de Oteyza pueden ser asombrosos. Pérez Jiménez tuvo extravagancias como el amor por los automóviles de carrera (él manejó el "Bólido de Plata", un Mercedes Benz) e hizo exhibiciones con amigos pilotos en Los Próceres. Organizó un absurdo simulacro de bombardeo en Caracas y obligó a los empleados públicos a marchar en la Semana de la Patria.
En la década de los cincuenta, sin embargo, no había Twitter, sino papelitos y rumores que pasaban de boca a boca. "La gente hablaba de política en voz baja. Para vivir bien, había que callar", rememora Oteyza, un niño de 7 años de edad en 1958.
Testigos, no analistas
En más de un sentido, Tiempos de dictadura fue una carrera contra el tiempo, no sólo por el deterioro de los filmes de la época que se conservan en archivos públicos y privados, sino también por la edad de sus testigos: una persona que tenía por lo menos 30 años de edad en 1958 hoy supera de largo los 80. Por la pantalla desfilan, cédulas de identidad en mano, Simón Alberto Consalvi, Oscar Yanes, Teodoro Petkoff, Américo Martín, Pompeyo Márquez, el cantante Mario Suárez, la bailarina Yolanda Moreno (que está igualita) y alguno que se despidió antes del estreno del documental, como el editor José Agustín Catalá.
"Tomamos una decisión: ¿a quién vamos a entrevistar? A testigos, no a especialistas. Más allá de que algunos de nuestros entrevistados tengan relevancia como eminencias políticas o culturales, hablan como testigos, no como analistas. Además, le hacemos un homenaje a toda esa generación de venezolanos, entre ellos mi amigo personal Catalá, uno de los personajes más interesantes del siglo XX en Venezuela, siempre preocupado por preservar la memoria histórica del país y preso del gobierno de Pérez Jiménez. Publicar el llamado Libro negro de la dictadura en pleno 1952 es algo que se dice fácil. Caminó con su andadera hasta el estudio de filmación, no quiso que nadie lo ayudara", relata Oteyza.
"Desde la década de los treinta, el petróleo ha sido la columna vertebral de todo gobierno, militar o democrático. Es un elemento que no cambia", matiza. "La de Pérez Jiménez fue una época de crecimiento económico, seguridad y obras de envergadura, pero entramos a la modernidad en silencio: se castró una parte esencial de lo humano. En Tiempos de dictadura creo que flota entre las imágenes la necesidad de participación política del venezolano, pero también su capacidad de adaptación. Por lo menos una buena parte de nosotros ha sabido callar cuando las circunstancias lo han pedido. Pero mi película quiere ser comprensiva, no juzgar". Desde el 7 de septiembre, que lo haga el espectador.
Miedo animado
"Mi expectativa no es romper un récord de taquilla. Pero tengo el pálpito de que va a ser una película reveladora para los jóvenes", se esperanza Carlos Oteyza sobre Tiempos de dictadura, un documental narrado por Laureano Márquez y musicalizado por Álvaro Cordero.
"El miedo no se puede filmar.
Las imágenes que existen de los años cincuenta casi siempre son de origen oficial o semioficial. No las dictó el poder, pero casi. Por ello recurrí a secuencias animadas, elaboradas por Alberto Hadyar y la compañía Titán Post. Las animaciones ayudan a suplir la invisibilidad de la resistencia a Pérez Jiménez".