Asuntos Latinoamericanos: Político, Ecológico y artículos varios.
HENRY RAMOS ALLUP
Sin Censura
La tarjeta de la MUD, símbolo de la unidad que el país exige, ha tenido que superar el obstáculo de los intereses grupales antepuestos al objetivo prioritario de derrotar al régimen en las elecciones del 7 de octubre.
En julio del año pasado, siete meses antes de celebrarse las primarias para escoger el candidato que representaría a la Oposición el 7 de octubre, los integrantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) decidimos por unanimidad realizar ante el CNE los trámites necesarios para inscribir la tarjeta única que nos representaría a todos con el emblema y siglas de la MUD y, obviamente, con el rostro del candidato que resultase electo en las mencionadas primarias.
El compromiso fue suscrito sin excepción por todos los partidos que formamos parte de la MUD, y uno de los precandidatos, Pablo Pérez, hizo del tema de la tarjeta única una emblemática propuesta de su campaña. Respaldamos su precandidatura y desde entonces también respaldamos la propuesta de la tarjeta única.
La iniciativa significó un avance de gran importancia en la unidad de la oposición. Había sido planteada infructuosamente en anteriores elecciones por Felipe Mujica (MAS) y Andrés Velásquez (LCR), pero fue Roberto Enríquez, Presidente de Copei, quien relanzó la idea e incluso reglamentó la propuesta a mediados del año pasado, y todos la suscribimos.
La conveniencia de la tarjeta única no requería mayores argumentaciones: si el candidato que habría de representarnos a todos sería único, si el comando y la campaña igualmente lo serían, como también la estrategia y el programa a presentar al electorado, no se entendería que cada partido presentara su propia tarjeta.
En cambio, era natural y hasta elegante, revelaba la generosidad que él momento exige, que todos resignáramos momentáneamente nuestros propios símbolos en aras de reforzar el mensaje unitario en torno al candidato y a la alianza, algo por lo cual el país clamaba y sigue clamando. Además de la contundencia inobjetable de este mensaje, la tarjeta única tenía las ventajas adicionales de evitar campañas paralelas de los partidos halando la brasa para su propia sardina.
Se evitaba asimismo la dispersión de esfuerzos y recursos y la peligrosa multiplicidad de comandos, se daba al elector no-partidista la facilidad de votar por el candidato y no por partido alguno, etcétera. Era una proposición lógica que levantaba la moral de un país opositor cuyo principal reproche a sus dirigentes era y es el de la incapacidad para entenderse.
Después de la decisión de julio del año pasado -después-, surgieron diferencias porque algunas organizaciones políticas de la MUD resolvieron por propia conveniencia presentar la tarjeta de su partido. Ante el riesgo de comprometer la unidad y de que algunas organizaciones desacataran una decisión tomada en la Mesa por mayoría pero no por unanimidad se adoptó la propuesta "salomónica" de que quienes quisieran adherirse a la tarjeta de la MUD, así, lo hicieran y quienes prefiriesen presentar la tarjeta de su propio partido también pudiesen hacerlo.
Digo "salomónica" para enaltecer una decisión que sacrificaba una parte para salvar el todo, que aceptaba el debilitamiento de la unidad antes que su ruptura. Extremando el celo semántico, alguien previo que algún elector pudiera preguntar cómo es eso de una unidad con varias tarjetas.
Preparamos una respuesta confusa llamando extraoficialmente "tarjeta unitaria" y no "tarjeta de la unidad" a la presentada por la MUD. Sigo sin entender la dualidad, porque ambas vocablos sugieren lo mismo a un electorado al cual poco interesan preciosismos lingüísticos, y lo entiendo todavía menos porque, felizmente, la tarjeta "unitaria" o "de la unidad" a la que Acción Democrática se adhirió, por la que vamos a votar los adecos, contiene las inscripciones "MUD" y "UNIDAD".
Antes de octubre y después de octubre,
el rechazo al espíritu "pluritarjetista"
seguirá siendo la posición de los demócratas responsables
R. Allup.