Asuntos Latinoamericanos: Político, Ecológico y artículos varios.
La tradición democrática en Venezuela ha dado a la cultura de la administración pública una connotación muy característica de esta. En cada gobierno que ´termina, hay un personal base que proporciona continuidad, fundamento y racionalidad a la forma legal y jurídica en que deben hacerse las cosas en el país. Logrando con ello el mantenimiento operacional de la democracia y sus procesos.
Desde 1.998 hasta la fecha, se ha iniciado un cambio en las formas de realizar las cosas, reflejadas en políticas y acciones del gobierno o del régimen, definido así, hoy en día por sectores de oposición, nacionales o sectores políticos internacionales. Formas que buscan desmembrar las formas tradicionales de realizar las acciones, con un fondo que no corresponde al marco constitucional vigente y administrativo conocido.
Por lo cual, el ejercicio de un cargo en la administración pública toma otra connotación para quien la realiza. Este caso es particularmente interesante para comprender como la transformación del ejercicio del poder a todas las instancias; se convierte en un verdadero lio para quien realiza las funciones de empleado público en Venezuela.
La urgente necesidad de “enrojecer” al funcionario público, logra a niveles de hechos públicos y notorios, legitimar acciones que van en contra de toda pauta legal y ética de estos en el ejercicio de su cargo. En esta constante lucha por la legitimación del régimen, logran despersonalizar al ciudadano en su rol laboral, convirtiéndolo en pieza moldeada para lograr el fin último.

La visión y fin último del proceso revolucionario, entorpece la actividad de la vida institucional de la nación, Patria Socialismo y Muerte, sacude los cimientos de las libertades, de disentimiento y rechazo, a cualquier forma de acción gobierno que logre dar respuesta a las necesidades de todos los venezolanos. En base al servicio que deben prestar en instancia cualquiera.
El fin, justifica cualquier acción de los administradores de la cosa pública en el país, la ética, la responsabilidad social y legal de lo que se busque a estas instancias, logra ser evadida por el quehacer revolucionario; profundizando más la injusticia, la no equidad, la pobreza y el desempleo en el país.
La conciencia y la responsabilidad del deber, pasa a un segundo plano. Los gerentes ahora son llamados “líderes”, los compañeros de trabajo se hacen llamar camaradas, y los modelos a imitar provienen de contextos basados en el odio, la muerte y la irracionalidad social. Ha decir, Fidel Castro, el CHE Guevara, Mao Ten Sung, entre otros. Que nada tiene que ver con la Venezuela histórica reciente o no, que existe.
La transformación del “ser”, su evaluación y ascensos, vendrán dados por las lealtades demostradas al régimen, cuéstele lo que le cuesta a cada parte involucrada. Menciono esto para destacar que la mediocridad, la incompetencia y la deshonestidad, son y serán los fines últimos del desempeño de estos roles públicos. Afirmo esto, basado en la naturaleza del deber ser de estos funcionarios.
El reflejo de estas aseveraciones, logran atinar las realidades de estas instancias responsables de irradiar los deberes y derechos constitucionales del venezolano hoy en día. La inseguridad, reflejo de los compromisos políticos de los Cuerpos de Seguridad Ciudadana, el desempleo en la destrucción del aparato económico del país, la corrupción por la presencia de impunidad, La injusticia por el deterioro del Poder Judicial y el hambre por la falta de políticas, así sucesivamente.
Además de lo referido, pudiésemos señalar un dicho popular de la IV República tan criticada por el actual régimen y tan practicada en la administración bolivariana, que afirma: “No importa donde me pongas, ponme donde hay”, reflejado así los altos niveles de corrupción y enriquecimiento ilícito, abrumador de sectores a fines del régimen.
Finalmente, el precio por un desempeño en el socialismo del siglo XXI, es la negación del respeto propio, de las potencialidades y tradiciones cultivadas en años de estudio, en la aceptación de antivalores patrios y constitucionales. Es realmente el caos, la complicidad diaria y el compromiso a un proceso que lejos de desarrollar el país, logra con gran eficiencia empobrecernos cada vez.