Asuntos Latinoamericanos: Político, Ecológico y artículos varios.
La cultura de la revolución bolivariana revestida por la ausencia de institucionalidad, ha permitido el desorden financiero, gerencial y legislativo por parte de quienes ostentan el poder hoy en día en Venezuela. Los elementos fácilmente reconocidos en la atmósfera gubernamental, lo caracteriza, la anarquía, el desorden, la vulgaridad y una excesiva personalización con sus muy particulares señas.
La Guardia Nacional y el Ejercito llevan la batuta por los militares, el Patria Para Todos, en PDVSA, Educación y Trabajo, se han encargado de prostituir los valores institucionales de dichas organizaciones, El INCE, con Otaiza pretendió establecer la “KGB cubana” en las clase bajas. Luis Fuenmayor Toro, con sus marchas eróticas ha pretendido someter las clases académicas del sector universitario a un nivel de vulgaridad nunca antes visto, Diosdado con el cuento de que los tiene Locos, se apuntalo en la fila como ministro de la revolución loca.
Como se observa, el país esta por todos lo lados y a todos los niveles del gobierno nacional, representados por personajes de baja cuantía intelectual, sin pretender pedirle “peras al Olmo” el país se ha empobrecido en el modelamiento gerencial y una costosa perdida de la institucionalidad como cultura de vida en la democracia.
Creer en las instituciones, es darle nombre y apellido a las leyes y normas que rigen el país, forma genuina de gobernar en un Estado que garantiza los derechos del ciudadano y sitúa los deberes en su justo valor. Pretender darle a personas el derecho institucional, es como pretender que la Federación Canina de Venezuela este dirigida por un Cauchau o un salchicha.
Venezuela es un país grande, que es gobernado por diminutos hombres. Pretendiendo asumir la investidura del Estado, estos procuran abolir los recursos morales que rigen a cualquier país democrático. Recursos que le dan las fuerzas para no sucumbir en la anarquía; logrando con esto todavía establecer las reglas de vida y éxito personal o colectivo que no cambiaremos, por mucho que los militares nos coaccionen.
Unos militares de papel comprados como prostitutas cubanas, un Concejo Nacional Electoral deslegitimado por inmoral, un Tribunal Supremo de Justicia, una Defensoria y parte de la Asamblea Nacional, que no escapan al juego perverso de Chávez y FIDEL, en su afán planificado de mancillar la institucionalidad venezolana, esto, es la base del caos, de lo inmoral y perverso, que facilita la implantación de un régimen dictatorial del estilo cubano.
No conforme con el desastre que han desarrollado, como tal cuales bufones del rey, Hugo Chávez se despepita con una verborrea trasnochada, contra los estados Unidos, la CIA y demás condimentos que forman parte del caldo de cultivo de la cultura cubano castrista. Pretender hacer lo que Fidel y Allende le hicieron a la institucionalidad Chilena años atrás hoy en día en Venezuela, es creer que sus militares de papel y los cubanos en la Disip, van a poder lograr dominar la voluntad de un pueblo, que ama y protege su democracia y la libertad; que cabe mencionar, que con valentía estaremos presto a defenderla.
Estamos delante de un régimen descubierto por el olor de su estiércol, por sus vulgaridades y la “prestancia” de sus representantes, todo aquel que ha ostentado un puesto en esta administración, da galas de su origen; mediocridad, sumisión y un hedor en todo lo que realizan dentro del juego de Chávez y su cúpula podrida.
Finalmente estamos ante un escenario previsto por la historia, los hechos antidemocráticos son testigos de todo esto, ahora nos toca a nosotros, al pueblo de Venezuela, a la gente que no desea el pasado, pero menos lo presente dar un paso adelante y tener guáramo de enfrentar en cualquier terreno, a cualquiera que en nombre de este gobierno, pretenda causar daño alguno a los ciudadanos de este país. Que no se olviden que la vida de un país es un circulo, donde cada uno de nosotros estaremos en la posición de cobrar las injusticias de un régimen que ya huele a formol.
Por Jose Ernesto Pons B.
Venezuela, 29 de Febrero de 2.009