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4 octubre 2021 1 04 /10 /octubre /2021 07:21
CUANDO LA TORMENTA ARRECIA
CUANDO LA TORMENTA ARRECIA
 
Hoy más que nunca podemos comprobar lo incierta y frágil que es la vida humana. No hay duda de que es un regalo de Dios y un privilegio, pero, a la vez, tenemos que aprender a vivir con la certidumbre de su fugacidad. No en balde Dios la describe como “un suspiro”, “una flor”, “la yerba”, “la niebla”, el humo”, “un momento”.
La situación que estamos viviendo estos días nos sigue alarmando. Nunca lo hubiéramos esperado. Ha sido como una noche tenebrosa, donde no vemos luz por ninguna parte y somos presas del temor, la incertidumbre y el desaliento; el encierro parece que no tuviera fin. Es una de esas tormentas de la vida.
A esto se añade el vivir en una sociedad que cae aceleradamente en una espiral descendente de pecado. Se condena lo bueno. Se aplaude y se promueve la aberración y la indecencia. Se asesina impunemente a las criaturas antes de nacer, pero se multa o encarcela al que dañe un huevo de tortuga.
¿La “era de la sin razón”, de Francis Schaffer? O, como dice Jeremías 7:28: “Pereció la verdad, de la boca de ellos fue cortada”. Hay razón para preocuparse.
Pero espérate un momentito, antes de que caigamos en el círculo de la desesperanza, vamos a reenfocarnos en lo que debe ser siempre nuestro punto de referencia, nuestro lugar seguro, nuestra Ancla firme en medio de cualquier tormenta que tengamos que enfrentar en nuestra vida.
Mira esto. En una ocasión, ya de noche, al Señor se le ocurrió cruzar al otro lado del Mar de Galilea con sus discípulos. Habían estado de sol a sol con Jesús mientras él enseñaba a la gente acerca del reino de Dios.
Me imagino que estarían locos por irse a descansar, después de un día sin parar, y rodeados por el gentío. ¡Por fin! ¡Qué rico; un break! Hasta Jesús consiguió una almohada en la barca y se fue a una esquinita a dormir.
Pero, cuando menos lo esperaban, en medio de aquella patente oscuridad, se les vino encima una terrible tormenta: vientos casi huracanados que zarandeaban la barca y hacían que las fuertes olas se metieran en ella.
¡Este es el fin!, pensaron. Y comenzaron a gritar. Y a gritos levantaron a Jesús y le recriminaron: “¿no te importa que nos estemos hundiendo?” (Marcos 4:35-40 TLA)
Dice la Palabra que Jesús se levantó; Aquel que es soberano, el que tiene el control sobre todas las cosas: la vida, la muerte, las enfermedades, los demonios, la naturaleza, las plagas, incluyendo al COVID-19, y cualquiera otra que aparezca por ahí; y le ORDENÓ al viento y al mar que se calmaran, y, ENSEGUIDA, el viento se calmó, y todo quedó completamente tranquilo.
Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: “¿por qué estaban tan asustados? ¿Todavía no confían en mí?”
¿Qué aprendemos en medio de las tormentas de la vida? ¿A dónde corres? ¿Dónde está tu seguridad? ¿Crees que Dios no se da cuenta ni se preocupa por lo que te sucede?
Escucha bien. Dios jamás te pierde de vista. Tú eres el objeto de Su amor. Todas Sus promesas son para ti; para todo aquel que ha puesto su confianza en Él y le ha rendido su vida. Te dice que “sus ojos están fijos sobre ti, y Sus oídos atentos a tu clamor” (Salmos 34:15).
Dios no promete un mundo libre de peligro, pero sí promete Su ayuda cada vez que nos enfrentemos al peligro (Salmo 91). Él nunca cambia el amor que te tiene. Vendrá y te ayudará.
Él es nuestro lugar seguro.
Con mucho amor,
Luisa Páez
2 de octubre, 2021
Hilda Josefa Ramirez Velandia y 37 personas más
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